
Acabó de ver el telediario, se recostó en el sofá del salón de su casa y, de súbito, cuando el sopor de la siesta amenzaba con anular su voluntad, comenzó todo. El corazón brincó dentro de su caja y comenzó una frenética secuencia de sacudidas con un ritmo endiabladamente rápido en contraste con el cuerpo, que comenzaba a despertar del letargo y emitía leves espasmos, tratando de detectar el porqué de aquella acelerada e improvisada actividad. El episodio de descoordinación entre corazón y caparazón acabó en la camilla de un hospital. Tras someterse a la extracción de todo tipo de fluidos, los médicos determinaron un padecimiento extraño, ajeno, que dio lugar a todo tipo de murmuraciones. "Su corazón está enfermo de crispación". Ni de ansiedad, ni de estrés. El médico fue claro, estaba crispado. Su corazón es alérgico a la realidad.
No es una fábula de Borges. Su enfermedad es profundamente cautivadora. Tal vez porque es un mal romántico que recuerda a esa pasión sin tiempo que García Márquez compuso para aquel atormentado Florentino Ariza que durante toda una vida amó en silencio a Fermina Daza. Florentino enfermó de amor... y mi protagonista de crispación.
Uno siempre es el gran amor de otra persona, aunque nunca llegue a saberlo. Fermina Daza llegó a saberlo. Pero no se cómo demonios inventarme una terapia para curar un corazón crispado. No encuentro recetas mágicas, pero hay una pócima infalible para sonreir más: hacer cosas que nos gustan, comer algo rico todos los días, fumar ese cigarrillo que nos han prohibido, dar más abrazos y más besos, ensayar sonrisas en el espejo del cuarto de baño... y tener siempre a mano unos auriculares para conectarnos al MP3 cuando se tuerce todo. Si la música amansa a las fieras, también podrá dulcificar crispados.
PD: Esta historia está basada en hechos reales. La identidad del diagnosticado crispado se mantiene oculta por motivos de seguridad.


Shakespeare dejó dicho que el tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy corto para los que gozan, eterno para quienes aman y muy largo para los que sufren. Tal vez por eso todos los días se suicidan tres mil personas en el mundo. Pero como no conozco a ninguna de las que lo han hecho hoy, me quedo con la noticia de que Falcon Crest se ha teñido de luto. Ha muerto Ángela Channing, esa Belinda con mayordomo chino que tuvo como marido a Ronald Reagan. Precisamente el día en que Italia vive la convocatoria de un día sin pasta para protestar por el encarecimiento de la cesta de la compra. Me encanta esta huelga de hambre a la italiana. Hoy, también, la Comisión Europea ha confirmado que ha desistido en su intento de imponer el sistema métrico decimal en Gran Bretaña e Irlanda, por lo que podrán continuar calculando en millas en vez de en kilómetros y en pintas en lugar de litros. Estoy encantada de comprobar que Europa no ha conseguido ponernos el uniforme. El viejo continente conserva sus manías, costumbres y peculiaridades.
El profesor Bacterio existe. Sólo una caricatura de cómic puede haber desperdiciado su vocacion investigadora en intentar explicar de manera científica que hay cerebros de izquierdas y de derechas, pero no desde la ambivalencia entre zurdos y diestros.




